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jueves, 9 de agosto de 2012

Jornadas de Paz de Guernika Lumo: JP Lederach


El pasado mes de abril, se celebraron en Guernika-Lumo, las 22ª Jornadas de Paz tituladas "Sentido y Tiempo de la Memoria". La Fundación SIP asistió a los tres días de conferencias que contaron con la participación de ponentes tan importantes como JP Lederach, J. Galtung o David Nimes. A continuación, os ofrecemos un pedacito de la conferencia de JP Lederach.

Si queremos crear la paz, debemos usar unas herramientas determinadas, porque construir la paz es una técnica aprendida pero también un arte, es un trabajo creativo. 

Las ideas del último libro de Lederach giran en torno a dos fuentes para la curación de traumas y la reconciliación: una que se experimenta sobre el terreno y otra que es más académica.  Algunos teóricos afirman que la reconciliación es un proceso lineal, pero ello dista mucho de la realidad según Lederach. La experiencia personal de las víctimas no encaja con las fases lineales que llevan a la reconciliación y la curación porque en muchas ocasiones son confusas y carecen de cronología lineal. 

El lenguaje es uno de los medios para investigar sobre las experiencias de las víctimas. Debemos escuchar el lenguaje común, el tono de voz y la variación del ritmo. Cuando se investiga en estos criterios, lo que se descubre es que el tono de las víctimas al contar su historia es muy llano, muy poco emotivo, a pesar de que el contenido sea impactante. Esto es porque no disponemos de un tono para explicar lo inexplicable: sin emoción las palabras salen de una manera llana, sin variaciones en el ritmo. Las experiencias de las víctimas van más allá de la explicación: no se pueden explicar con palabras. 

Los sentimientos y el significado también tienen un carácter especial. Aquellas víctimas que han sufrido una experiencia traumática no saben agregarle un significado. Se quedan sin palabras y además esa experiencia les priva de la capacidad de sentir. De ahí que se diga que  el camino de la curación pase por el poder volver a sentir como persona (ejemplos variados en Nepal, Colombia o Uganda).  Los afectados de catástrofes o guerras suelen decir que no encuentran palabras, como si la experiencia vivida les hubiera quitado la voz. Por ello, estas personas deben recuperar la voz, una voz simultánea, íntima, personal, relacional, política y social. 
 
El dilema aparece en lo referente a los niveles del entendimiento de curación y reconciliación porque no todos los niveles son igualmente efectivos. Las reconciliaciones entre dos individuos son personales: cada persona responde y asume los hechos de forma diferente. Los políticos, en cambio, abusan de la palabra reconciliación. Un ejemplo claro fue George Bush que afirmó después de bombardear Irak que “hacía falta que los grupos en Irak se reconciliaran y apelaba a la reconciliación nacional”. Esto es lo mismo que decir que se tienen que acomodar al enemigo. 

Los pueblos que han sufrido una violencia extrema logran retomar sus lazos (la convivencia) a través de la creación de espacios donde se puedan tener conversaciones significativas. Los procesos nacionales de reconciliación son simbólicos, no orgánicos, y muy distantes del pueblo y la sociedad. En estos procesos se ahonda en las simbologías para  justificar la división pero no la convivencia. De ahí la importancia de conversaciones significativas, no de acuerdos. Hay que conectar, es necesario volver a sentir las vibraciones de la voz. La mejor manera de crear ese espacio es a través del nivel comunitario porque da posibilidad al eco. El eco aumenta las conversaciones sostenidas, que se toman y retoman sin ningún fin preestablecido. El cambio social funciona a través de este eco, que asegura la inclusión y la capacidad de hablar. El nivel nacional, en cambio, no fomenta el eco porque es demasiado amplio e impersonal. Una conversación entre dos tampoco lo hace. 

La idea occidental es que dar vueltas a un tema no lleva a buen puerto. Pero hay que hacerlo porque así se entiende mejor cómo funcionan los procesos de reconciliación y curación.
Darle vueltas es ir a lo profundo. La repetición es simplemente abrir un espacio en el que conversar con significado. En estas conversaciones, muchas veces, usamos palabras que no sabemos realmente lo que significan. Por eso hay que darle vueltas, para profundizar en el mundo sin palabras, para experimentar cómo el sonido cubre los espacios de manera envolvente.

De ahí que el dilema se resuelva, porque entre la idiosincrasia y la reconciliación nacional existe un nivel medio que se llama la “curación social”. Esa curación social no tiene mayor fin que darle vueltas a un tema comunitario. La convivencia renovada se consigue manteniendo conversaciones significativas, escuchando el sonido y sosteniendo esos espacios.

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