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martes, 15 de noviembre de 2011


LA PAZ Y LA MEMORIA

por Alejandro Martínez

Sinopsis:
Pensar nuestro pasado con voluntad cívica nos dispone a adoptar una actitud más justa a la hora de integrar el recuerdo en la vida política. Esta es una obra sobre el concepto de historia y sobre lo que significa, en nuestras sociedades, relacionarse con el pasado y los problemas que nos encontramos al encarar las relaciones entre memoria y política, entre la paz y la gestión del recuerdo. “No se trata de olvidar la muerte, en ningún caso es preciso callar su memoria, pero en algún momento después del drama se hace preciso emprender un complicado ejercicio moral en el que la mirada del odio puede transmutarse en la mirada del entendimiento. La memoria no puede atorar los caminos de la ciudadanía. Al contrario: nos ofrece las claves para extenderlos bajo el imperativo de la verdad y la exigencia de la justicia. Es posible amar después de la muerte, pero no a cualquier precio.
Adjuntamos el índice del libro


Sobre el autor a grandes rasgos

Alejandro Martínez, miembro de la Fundación SIP, no es una promesa, es una realidad porque ya ha realizado importantes trabajos de investigación: ha sido becario en el instituto de filosofia del CSIC de Madrid y en el Departamento de Filosofia de la Universidad de Zaragoza; y ha participado en numerosas ponencias y conferencias. Por si no fuera suficiente, ha realizado publicaciones en revistas, libros colectivos, etc. Actualmente, es becario FPU en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Zaragoza mientras prepara su tesis doctoral sobre la temporalidad y la política en Walter Benjamin.

Alejandro Martínez durante la presentación de su libro.

"El historiador contemporáneo que atiende a los imperativos de la memoria incorpora a su profesión una exigencia de justicia."


La presentación de este libro no puede ser más oportuna, y más útil, hoy que existe tanta polémica en cuanto a la memoria histórica.Este libro tiene como base una investigación realizada por el autor con el apoyo de la Fundación SIP (Seminario de Investigación para la Paz) de Zaragoza, en el marco de su convenio con las Cortes de Aragón.



Alejandro, pese a su humildad en el prólogo, presenta un trabajo complejo, reflexionado y que obliga a reflexionar, un verdadero ensayo sobre la memoria, la historia y la paz. Existen tres conceptos que llaman especialmente la atención. El primero es la relación entre pasado e historia, y para definirlo Alejandro usa el término de Jenkins: "el pasado es a la historia, como el paisaje a la geografía". El segundo trata el concepto de memoria compartida, y ya no memoria colectiva o memorias colectivas. Esto es así porque en una memoria hay diversos tipos de interpretaciones que responden a diferentes memorias según los actores que han vivido los hechos. Un pueblo sin memoria es un pueblo con Alzheimer, ya que como dice Borges "nosotros somos nuestra memoria, ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos".
La memoria no es una moda, ha existido siempre. En el libro, la investigación historiográfica de Alejandro comenta como el imperio romano se convierte en un gran artista a la hora de utilizar la memoria y el olvido. Los romanos la usaban para crear cohesion, identidad y sentimiento de comunidad romana. El olvido se exponía como castigo (también ocurrió en tiempos de Stalin con la famosa foto de la cual se borró a Trotsky, después de ser asesinado). Sin embargo, es extremadamente díficil borrar la memoria, siempre permanece, en silencio o silenciada. Pero no nos equivoquemos, no solo los regímenes totalitarios manipulan la historia, sino también ciertos nacionalistas excluyentes, que nacieron a finales del siglo XIX y permanecen en la actualidad. Solo la democracia garantiza la pluralidad en la sociedad y en la historia, puesto que en una sociedad libre no puede existir una historia oficial ni versiones oficiales del pasado. 

Presentación de libro con Alejandro Martínez, Carmen Magallón y Julia Remón


Intervención del autor

El día de la presentación del libro coincidió curiosa e involuntariamente con dos aniversarios: la noche de los cristales rotos y la caída del muro de Berlín. Ello es una prueba evidente de hasta que punto el pasado está en nuestra vida contemporánea. Al abrir el periódico y ver los títulares de estos dos aniversarios, se crea una disyuntiva, puesto que no todos miramos al pasado con la misma ideología, de la misma manera, con los mismos sentimientos. Por ello, es un asunto que debemos aprender a gestionar. Debemos encontrarnos en un pasado común, en un mínimo común denominador. Para ello, debemos afianzar la idea de que cuando "trabajamos con el pasado, estamos realizando un trabajo moral". Cuando un historiador analiza el pasado, lo hace siempre desde un punto de vista; y eso debe hacerlo constar en su obra. Esa moral con el que el historiador analiza el pasado es una oportunidad de entender que todos miramos parcialmente la realidad y que siempre nos falta el otro punto de vista. Este libro pretende transmitir esta concepción dialectal con la que trabajar con el pasado y la memoria.

En definitiva, el libro no tiene tanto que ver con la memoria o el pasado, sino que ésta es la excusa para fundamentar un proyecto de vida en común, en una situación en la que no podemos renunciar a algo que no depende de nosotros, sino que es un imperativo de la realidad: las sociedades son heterogéneas. Consecuentemente, no podemos plantear el pasado de esas sociedad de una manera única, unívoca o unidireccional. Podemos compartir una memoria, pero que una misma sociedad posea una misma memoria es insostenible. Debemos construir relatos, narrativas con los mínimos denominadores comunes sobre los que crear memorias compartidas y ser conscientes de esta realidad dialectal.

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